Un nuevo algorítmo basado en la forma en que la humilde mosca de la fruta organiza sus diminutos pelos, es decir sus sensores para "captar" el mundo, puede proporcionar la solución a los problemas de las redes inalámbricas.
| Foto: Universidad de CARNEGIE MELLON |
Los expertos de la Universidad de Carnegie Mellon, en Pittsburgh (Estados Unidos), aseguran que un nuevo algoritmo basado en la forma en que la humilde mosca de la fruta organiza sus diminutos pelos -verdaderos sensores que les permiten “sentir” el mundo- tiene el potencial de proporcionarnos la solución a los problemas que plantean las redes inalámbricas. Parece que la forma en que se organiza el sistema nervioso del insecto es mucho más simple y eficiente que cualquier red elaborada por los humanos.
Desde sus inicios, la informática mantiene una extraña relación con los insectos. Desde los primeros “bugs”, pequeñas polillas que buscando el calor de los tubos de vacío provocaban cortocircuitos capaces de paralizar ordenadores más grandes que una casa, hasta los más modernos y sofisticados “gusanos”
